Los negocios están resguardándose. ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir la economía a eso?

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Letreros en las autopistas de Los Angeles que dicen "COVID-19 MENOS ES MÁS, EVITA LAS REUNIONES". Este letrero se muestra sobre la 110 norte con destino a Torrance el 14 de marzo de 2020.

Letreros en las autopistas de Los Angeles que dicen “COVID-19 MENOS ES MÁS, EVITA LAS REUNIONES”. Este letrero se muestra sobre la 110 norte con destino a Torrance el 14 de marzo de 2020. (Carolyn Cole/Los Angeles Times/TNS)

Todos hemos visto las inquietantes imágenes de lo que pasa cuando la economía se vuelve loca.

Filas para comprar pan, granjeros abandonando la región del Dust Bowl, conductores formados para llenar sus tanques de gasolina, casas con avisos de ejecución hipotecaria colocados frente a sus jardines.

Añade a esto una vista en hora pico de una autopista de Los Ángeles, típicamente atestada de viajeros, pero ahora más como una mañana de domingo debido a un virus que ha destrozado a la alguna vez floreciente economía estadounidense solo dos meses después del primer caso nacional confirmado.

Los mercados han colapsado, las aerolíneas han abandonado sus rutas y las empresas han cerrado. Millones de trabajadores están siendo enviados a casa y se les advierte que minimicen sus interacciones con sus amigos, vecinos e incluso miembros de la familia, un curso de acción que la Casa Blanca recomienda que los estadounidenses sigan durante 15 días.

Pero ¿cuánto refugio puede soportar la economía antes de que el daño sea irreversible?

La respuesta corta es que los expertos están lidiando con una situación tan novedosa como el virus que la causó y realmente no saben cuánto puede soportar nuestra economía de alta tecnología, interconectada y orientada al consumo.

“Cuanto más tiempo dure esta disrupción, más probable es que tenga un efecto permanente”, dijo Roger Farmer, profesor de economía de la UCLA y de la Universidad de Warwick en el Reino Unido. “De tres semanas podemos recuperarnos, de tres meses no está tan claro”.

Sin embargo, podrían ser meses, incluso un año o más.

La Casa Blanca está preparando su respuesta, al menos parcialmente, basándose en un aterrador informe de los médicos y científicos del Imperial College de Londres que concluyó que el virus podría matar a 2.2 millones de estadounidenses si no se contenía. Y el tipo de medidas de supresión necesarias para controlarlo, como el distanciamiento social y el cierre de escuelas, podría tener que permanecer en vigor hasta por 18 meses hasta que se desarrolle una vacuna.

Eso es mucho tiempo, considerando que el UCLA Anderson Forecast de esta semana solo tardó cuatro días en revisar una predicción trimestral que exponía un crecimiento económico más lento, y afirmaba que Estados Unidos ya había entrado en una recesión que se espera que dure hasta septiembre.

El pronóstico respondía a las condiciones rápidamente cambiantes y a los nuevos datos. Una encuesta realizada el viernes y el sábado ya había encontrado un 18 por ciento de adultos que informaron de que se les habían recortado las horas de trabajo o habían sido despedidos, siendo los trabajadores de los hogares de menores ingresos los más afectados.

Un análisis de Moody’s Analytics encontró que cerca de 80 millones de empleos en Estados Unidos están en diferentes niveles de riesgo, aunque es más probable que unos 10 millones de trabajadores puedan ser despedidos, puestos bajo licencia o vean un recorte de sus horarios y sus salarios. En China, con una población cuatro veces mayor que la de Estados Unidos, aproximadamente cinco millones de personas perdieron sus empleos en los primeros dos meses de este año en medio del brote.

Las áreas de la economía que se espera que se vean más afectadas son el transporte y los viajes, la hospitalidad y el ocio, la ayuda temporal y la perforación y extracción de petróleo. La empresa de recolocación Challenger, Gray and Christmas comentó que 7.4 millones de empleos en el sector de la hospitalidad y el ocio podrían perderse o verse afectados.

El comercio minorista, la manufactura, la construcción y la educación corren un riesgo moderado, aseveró Moody’s. Macy’s, con 130 mil trabajadores a tiempo completo y medio, anunció esta semana que cerrará sus tiendas y trasladará todas las ventas a internet, donde ha luchado para competir con competidores como Amazon.

El Secretario del Tesoro, Steven T. Mnuchin, advirtió a los senadores republicanos el martes que sin una acción audaz del gobierno, la pandemia podría aumentar el desempleo en Estados Unidos a un 20 por ciento.

Los números parecen aterradores, pero los economistas se consuelan con el hecho de que la economía entró en esta crisis sobre una base sólida, con el desempleo en el nivel más bajo de los últimos 50 años. Estados Unidos también cuenta con programas sociales como la Seguridad Social, el seguro de desempleo, los cupones de alimentos, Medicare y Medicaid puestos en marcha durante el New Deal y la posterior iniciativa Great Society del Presidente Lyndon B. Johnson (incluso si están constantemente en peligro de ser recortados o no están a la altura de los estándares del estado de bienestar europeo).

No obstante cuál seguridad social tenga el no se predicó con base en un cierre casi total de la economía, el cual con toda su fuerza ya mostraba brechas bien documentadas que probablemente se agravarán por el brote. Esto incluye la inclusión de millones de trabajadores de bajos ingresos con poco o ningún descanso remunerado, la falta de viviendas asequibles, una crisis de desamparados y el aumento de los niveles de deuda corporativa que podrían llevar a las compañías altamente apalancadas al incumplimiento de pagos, razón por la cual los gobiernos locales, estatales y nacional están considerando medidas tales como la suspensión de los desalojos, pagos en efectivo a los ciudadanos y más de 100 mil millones de dólares en garantías de préstamos a las empresas.

Pero tratar de entender cómo puede resultar esto es difícil, en parte porque la causa es de origen no financiero, a diferencia de, digamos, la crisis de la década pasada, que fue impulsada por los incumplimientos de pago de las hipotecas de alto riesgo.

También es un reto que la economía haya evolucionado rápidamente. El sector manufacturero de Estados Unidos ha estado en largo declive, reemplazado como motor económico por el gasto de los consumidores en bienes y servicios. Esas son categorías enormes que incluyen alimentos, ropa, electrodomésticos, electrónica, muebles, automóviles, entradas para el cine, transporte, asesoría de inversión y atención médica.

También todo esto ocurre en medio de los avances en las telecomunicaciones y la informática que han hecho que las entregas a domicilio sean omnipresentes y que trabajar desde el escritorio del dormitorio sea algo común. También han llevado a empresas tecnológicas como Amazon, Google, Facebook y Microsoft a la cima de la cadena alimenticia económica.

“Nuestra economía es totalmente diferente ahora que en 1975”, comentó el economista Chris Thornberg, socio fundador de Beacon Economics, una empresa consultora en Los Ángeles. “Ahora está orientada a los servicios. Los sectores de servicios tienden a ser más relajados y ágiles”.

De hecho, el lunes, Amazon anunció que debido a una demanda “sin precedentes”, planea contratar a 100 mil personas en todo el país para mantener la entrega de pedidos ágil mientras los trabajadores se quedan en casa y compran en línea. También planea aumentar temporalmente los salarios en dos dólares por hora hasta finales de abril para los empleados por hora en sus almacenes, centros de entrega y tiendas Whole Food.

El economista Edward Leamer, director emérito del pronóstico de Anderson, dijo que la reorientación del gasto puede crear un efecto de “estabilizador automático”. Farmer agregó que la crisis acelerará los cambios económicos que ya se estaban produciendo debido a los avances tecnológicos, incluyendo el trabajo a distancia y las reuniones virtuales en línea.

“Estas disrupciones probablemente acelerarán eso”, indicó, señalando que los defensores del clima ya habían estado presionando mucho para reducir los viajes en avión. “Mucha gente descubrirá que en realidad es mucho más fácil”.

Pero muchas de esas ventajas irían a los trabajadores del conocimiento que se sientan frente a las computadoras, como programadores, abogados y otros en la fuerza de trabajo de cuello blanco. Los cajeros, meseros, trabajadores de la construcción y otros en la fuerza de trabajo de cuello azul no cuentan con ese lujo ya que si se quedan sentados en casa, no ganan nada.

Farmer dijo que el desempleo de dos dígitos dificultaría la recuperación de la economía. “Si (los trabajadores) pierden esos empleos puede llevar años reconstruir esas habilidades. El peligro es que se convierta no solo en una caída temporal del empleo, sino permanente”, dijo.

Por ahora, el gobierno se centra en asegurar que los mercados financieros y crediticios no se colapsen, evitando que las empresas quiebren y que el dinero llegue a las manos de los individuos.

En una sesión de emergencia, la Reserva Federal bajó su interés clave cerca de cero durante el fin de semana y anunció que compraría al menos 700 mil millones de dólares en valores con respaldo hipotecario de la Tesorería, similar a lo que hizo durante la crisis financiera. También anunció planes el martes para apuntalar al mercado de papel comercial que proporciona liquidez a corto plazo a las empresas para ayudar a financiar sus operaciones a corto plazo.

La administración de Trump, mientras tanto, propone un estímulo económico de un billón de dólares más grande que la del presidente Obama después de la crisis financiera que incluiría cheques de mil dólares o más a los estadounidenses, pagos y préstamos a pequeñas empresas, y garantías de préstamos a industrias como aerolíneas y hoteles.

Por otra parte, el presidente Trump firmó el miércoles una medida para proporcionar pruebas de coronavirus gratuitas y garantizar la baja por enfermedad de una parte importante de la fuerza laboral estadounidense en caso de enfermedad por el virus, así como ampliar la provisión de ayuda alimentaria y asistencia para el desempleo a los trabajadores que se quedaron sin trabajo debido a la pandemia. El presidente también invocó poderes de periodos de guerra para impulsar la fabricación del equipo médico necesario para luchar contra la pandemia y Estados Unidos restringió su frontera con Canadá.

Farmer apoya la idea de dar a cada ciudadano un cheque de mil dólares ahora mismo para ayudarles a poner comida sobre la mesa y comprar otros bienes. También cree que la Tesorería o la Reserva Federal deberían adoptar la medida extraordinaria de crear un fondo de riqueza soberana para comprar acciones estadounidenses y apuntalar el mercado de valores, que está en plena fase de pánico. Hasta el miércoles, las acciones habían borrado todas las ganancias de los años de mandato del Presidente Trump, ya que el índice S&P 500 cayó de nuevo, más del cinco por ciento.

“Queremos mantener normal el crecimiento del ingreso. Habrá menos bienes pero no queremos ver a los negocios colapsar y quebrar con una disrupción permanente”, añadió.

Thornberg sugirió que un cierre que durara seis semanas o más empezaría a causar “un mordisco” que sacaría del negocio a empresas en ausencia de garantías de préstamo para que puedan cumplir con sus obligaciones de pagos de deudas (que ahora están sobre la mesa para las aerolíneas y otras industrias).

Dijo que las empresas que quiebren después de un mes ya estaban operando al margen de todos modos, y la mejor comparación por ahora es un huracán o un terremoto que perturbara temporalmente la economía local (aunque reconoció que la analogía distaba mucho de ser perfecta, ya que esos desastres son acontecimientos finitos que suelen afectar a zonas mucho más pequeñas). Si un gran número de trabajadores se infectan y las medidas de contención vitales pero restrictivas se prolongan durante meses, entonces todas las apuestas resultarán perdedoras.

“Una y otra vez la economía se recupera después de una situación de tipo desastre natural”, concluyó Thornberg. “Y esto me suena como un desastre natural, pero aquí tenemos una situación en la que no hay un punto final”.

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